miércoles, mayo 20, 2009

La soledad del "yo"


La soledad del “yo”
Mientras transcurre la vida, nos sentimos a gusto en nuestro espacio de soledad, mientras sea una opción, mientras lo elijamos.
Ese lugar, espacio, tiempo, que decidimos elegir para nosotros mismos, para nuestro recogimiento…
Mientras no sea impuesto, esa soledad es gratificante, te ayuda a recuperar fuerzas, a serenar el espíritu, a reencontrarnos con nosotros mismos, en un espacio creado en nuestro interior para ayudarnos a encontrar fuerzas para el caminar diario, en ese espacio , la soledad es una bendición para el alma.
Bendición que desaparece cuando es impuesta por las circunstancias, cuando la soledad es una situación venida, ya sea por al ley natural del tiempo, o por la situación social, es una yaga sangrante que no calma ninguna palabra, ningún roce, todo se derrumba .
Enfrentarse a la soledad del “ yo”… esa soledad a la que te enfrenta la muerte, donde te ves a ti misma mirando desde fuera tu vida, donde en el espacio tiempo todo se congela, solo pesa el silencio de la nada mas absoluta, entonces ves el sentido ultimo de las cosas, donde sientes el vació que llena tu alma.
En ese instante, solo sientes el frió de la soledad, en la que se convierte la vida, cuando lo único verdaderamente importante es sentir el calor de las manos de quien amas llenando el vació de las tuyas. Manos sin vida, reposando sobre el pecho frió sin latido, esas manos que un día acariciaron tu piel al abrigo de los sentimientos mas calidos.
Frente a la muerte de un ser querido, resurge la soledad del “yo” con todo el ímpetu de nuestra fragilidad humana, se empequeñece nuestro ego, solo queda nuestra fragilidad al descubierto.
Frente a mi soledad… frente a mi “yo”, solo tengo mi llanto, mi impotencia, toda mi triste humanidad.
Reme G.

4 comentarios:

Alfa dijo...

No te preocupes, tu sopledad ya es compartida, luego ya no estas sola.

Por cierto, gracias por visitar, comentar y compartir.

Nos vemos en la red ;)

Luis dijo...

Reme. Los griegos tenían una fórmula para superar esta condición trágica de la vida.
Ellos la definían en dos palabras: "Amor Fati" (Amor a lo inexorable)
Era un SÍ mayúsculo ante lo que no puede ser de otro modo: "SÍ, amo la finitud". "Sí, sé que voy a morir. Amo esta certeza". Me abrazo a esta percepción divina y sacralizo lo que antes resultaba un temor profano, vacío.
"Sí, así lo quieren los dioses —me digo. Es el eterno ciclo de nacimiento y finitud"
¿Quién soy yo, creatura, para cuestionar, como Jonás, al Creador? Se preguntan los católicos… y en este asunto, yo lo comparto
Muy buena reflexión interior Reme

SILOE dijo...

Luis... muchas gracias por tus palabras sobre mi reflexión... es un constante buceo dentro de mis "por ques".... en la busqueda incansable de mi profundo interior...Gracias, muchas gracias por comentarlo y por analizarlo, un beso, Reme.

FRANCISCO PINZÓN BEDOYA dijo...

Una forma de encontranos es estando solo con nosotros mismos. Uan forma de desencontrarnos es afrontar la soeldad impuesta, ya sea por voluntad, por apego o hasta por estar sin libertad de cualquier tipo. Pero allí llega a salvarnos sólo lo que seamos dentro, la fortalece se mide allí...

Hermoso sería si unas manos llegaran a salvarnos, pero si no están... tenemos las propias

Un abrazo y comparto lo que te dice Luis