martes, julio 29, 2008

Sobre el mundo





De cómo el camino va surcando las heridas en el alma, ahora se llaman “circunstancias” pero siguen marcando de igual manera.
Cuando era niña el tropezar con obstáculos era crecer en madurez, y parecía que medio mundo se empeñara en hacerte crecer en madurez con rapidez, había un desmesurado afán por poner zancadillas, todo era un cúmulo de barreras que según la tradición cultural “ te hacían crecer”.
Todavía no encuentro nada que leer, supongo que si se habrá escrito, sobre lo duro que para algunos resulta ir curtiéndose en esta “guerra” no declarada por hacer que las personas del entorno “crezcan” de esta forma.
No dudo que para algunos él ir superando escollos sea gratificante y hasta necesario, pero a estas alturas de mi camino el derribar barreras resulta demasiado cansino y hasta desesperante.
En mi simpleza, pienso que resulta mucho más edificante el procurar no poner tropiezos a los demás, quizás por que tuve muchos y no me gustan, creo que salte la mayoría, pero con mucho esfuerzo, tanto, que quizá mi piel esta demasiado llena de cicatrices.
Otra vez vuelta los porques de mí... a mi yo actual, otra vez reflexionando sobre mí y sobre la reacción ante los envites y caricias que recibo, y es que cuando sé donde esta mi mal, donde debería estar o que debería hacer, me subleva este responder de mi psiquis.
Es como la tozudez de las olas queriendo alcanzar la orilla, saben que su destino es alejarse de allí pero una y otra vez vuelven a intentarlo.
Quizás el destino de las personas sea eso... volver a intentarlo con machacona insistencia, sino, ¿ qué sentido tendría tanto esfuerzo?.
Crecer en madurez, caminar sobre desiertos, sin sendas trazadas, solo caminar hacia el ocaso de una vida, sin más placer que la búsqueda incansable de un compañero de camino, alguien afín que té de sombra bajo el sol, que te ampare bajo la inclemencia de la vida, un compañero de viaje cuyo equipaje aunque repleto tenga la elasticidad suficiente para hacerte un hueco, y que cuando llega la noche, después de un duro día, sea capaz de acogerte en su regazo, escuchar tus lamentos, acariciar tus mejillas, y dejarte escuchar de sus idas y venidas, por que sin compartir esta lucha no tiene sentido alguno.
Utopía lo llaman... quizá... pero creo que la búsqueda de eso es la única razón de caminar hacia el ocaso.
 Reme Gras.

2 comentarios:

josé ayllón dijo...

Esa es mi Reme. Un abrazo.

Siloe Sombra dijo...

Un abrazo José Ayllón, sí esa soy yo, encantada de ser tu amiga.
Reme.